140 años de fe: la Virgen de la Luz en Abasolo

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Hay presencias que no se explican con fechas, sino con memoria. En Abasolo, la Virgen de la Luz no es solo una imagen en el altar: es parte de la historia familiar de cada generación.

Su llegada a esta tierra, cuando aún era la Hacienda de Cuitzeo de los Naranjos, marcó un cambio profundo. La comunidad la recibió con tal devoción que, desde 1779, su nombre comenzó a resonar en oraciones, promesas y agradecimientos. Con el tiempo, esa fe no disminuyó: creció.

En 1886, la imagen de la Virgen de la Luz fue terminada y colocada inicialmente en la antigua capilla. Pero fue el 26 de febrero de 1896 cuando, al concluir la construcción del templo parroquial, fue trasladada solemnemente al altar mayor. Desde ese día, su presencia ha permanecido ininterrumpida, acompañando la vida espiritual del pueblo. Es precisamente este momento el que hoy se conmemora: 140 años desde que la Virgen de la Luz ocupa el corazón de Abasolo.

La Virgen que nunca ha dejado solo a su pueblo

Hubo tiempos difíciles. Entre 1914 y 1917, cuando la violencia amenazaba la tranquilidad del pueblo, los habitantes atribuyeron a su intercesión el haber sido protegidos. Como gesto de gratitud, la llamaron “La Generala”. No fue un título simbólico vacío: fue la manera en que el pueblo expresó que no se sentía solo.

En 1938 fue coronada solemnemente, confirmando públicamente una devoción que ya era profunda. Años después, en 1945, comenzó la tradición de recorrer las calles en procesión durante las fiestas patronales de mayo. Desde entonces, verla salir del templo no es un acto rutinario: es un momento que une generaciones, que despierta recuerdos de infancia y renueva la fe de los más jóvenes.

Cuando la fiebre aftosa golpeó al estado en 1946 y 1947, los habitantes acudieron nuevamente a ella. El agradecimiento se tradujo en ofrendas de plata que durante años adornaron su imagen. Incluso cuando sufrió el robo de su corona en 1983, la respuesta no fue resignación, sino compromiso: en 1984 volvió a ser coronada. La fe no se perdió; se reafirmó.

Una luz que forma parte de la identidad de Abasolo

Hoy, al cumplirse 140 años de su presencia en la parroquia, la Virgen de la Luz sigue siendo el corazón espiritual de Abasolo. Ha visto partir a abuelos y nacer a nietos. Ha escuchado plegarias silenciosas y cantos multitudinarios. Ha sido testigo de promesas cumplidas y lágrimas secadas en silencio.

Hablar de ella es hablar de identidad. Porque más allá de la historia escrita, su verdadera historia está en cada persona que, al entrar al templo, levanta la mirada y siente que está en casa.

Y mientras esa mirada siga encontrando consuelo en el altar, la luz de Abasolo no se apagará.