La Alhóndiga de Granaditas vibró con la voz, el carisma y la nostalgia de una de las artistas más queridas de Latinoamérica.
Guanajuato, Gto., octubre de 2025.— Julieta Venegas hizo historia en el 53° Festival Internacional Cervantino al presentarse ante una multitud que llenó hasta el último rincón de la Alhóndiga de Granaditas. Con su inconfundible voz y una energía cálida y cercana, la cantante tijuanense ofreció una noche mágica en la que conjugó emoción, memoria y una impecable propuesta musical junto a la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), dirigida por Inés Rodríguez.
Desde tempranas horas, las calles de Guanajuato respiraban el ambiente “venegasmaníaco”: negocios, cafeterías y hasta artistas urbanos sonaban al ritmo de “Limón y sal”, “Me voy” y “Andar conmigo”. La emoción era tal que algunos asistentes hicieron fila por más de ocho horas para asegurar su lugar en el concierto estelar de la llamada Fiesta del Espíritu.
Cuando el reloj marcó las 8:30 de la noche, Julieta apareció sobre el escenario envuelta en una atmósfera de luces suaves y acordes orquestales. Abrió con “Ilusión” y “Andar conmigo”, desatando una ola de aplausos y cánticos que se extendió por toda la explanada. Luego vinieron “Algo está cambiando”, “Lento” y “Eres para mí”, cada una reinventada en formato sinfónico con arreglos que resaltaron la madurez musical de la artista.
En medio del concierto, un grupo de asistentes levantó pañuelos verdes como muestra de apoyo al movimiento feminista, gesto que Venegas recibió con respeto y empatía. La velada alcanzó uno de sus momentos más emotivos con el estreno de “Callaron las canciones”, un tema inédito que la artista dedicó a la memoria de una amiga cercana, acompañada por el Coro de la Universidad de Guanajuato.
“Yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás…”, coreó el público con el alma, mientras Venegas sonreía, agradecida por el cariño de miles de voces que hicieron vibrar la histórica Alhóndiga.
El gran cierre llegó con “Me voy”, himno generacional que convirtió la explanada en un coro multitudinario. Ovacionada de pie, Julieta regresó al escenario para interpretar un par de temas acústicos con su guitarra, despidiéndose entre aplausos y vítores que parecían no tener fin.
Cientos de personas quedaron afuera del recinto, sin embargo, permanecieron ahí hasta el final, cantando desde las calles y azoteas cercanas, sumándose a la energía de una noche que quedará grabada en la historia del Cervantino.
Con esta presentación, Julieta Venegas no solo reafirmó su lugar como una de las artistas más queridas del pop latino, sino que también demostró que su música —entre nostalgia, ternura y fuerza femenina— sigue uniendo generaciones.
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