Los porteros: Héroes que vuelven al debate

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Lo escribo rápido, casi al vuelo – como esos protagonistas de los que hoy quiero hablar – mientras la vida cotidiana intenta distraer, pero el fútbol, como siempre, termina ganando la conversación.

Se vienen tiempos que, queramos o no, nos vuelven a enganchar. Se acerca el Mundial de 2026, ese que se jugará en casa compartida entre México, Estados Unidos y Canadá. Y con él, lo de siempre: las dudas, las discusiones de sobremesa, los análisis improvisados. ¿Alcanza para el quinto partido? ¿Hay equipo? ¿Quiénes deberían estar y quiénes no?

Incluso los que ya no nos consideramos tan clavados en el fútbol sentimos ese cosquilleo. Aunque no tengamos claro quiénes portan hoy la camiseta, aunque los nombres cambien o lleguen naturalizados que dividen opiniones, la selección sigue siendo ese punto de encuentro emocional. Y claro, siempre hay figuras que se roban los reflectores: el goleador, el que define, el que se convierte en portada.

Pero hay otro tipo de héroe. Uno que no siempre aparece en los titulares… hasta que lo cambia todo: El portero.

Para muchos, el último hombre. Para otros, el verdadero salvador.

Cuando era niño, yo no los veía como jugadores: los veía como superhéroes. Literal. Volaban. Se estiraban hasta lo imposible. Detenían balones con destino de tragedia y los convertían en esperanza. En sus manos estaba no solo un partido, sino el ánimo de todo un país.

Y si hablamos de memoria, hay nombres que pesan.

¿Cómo olvidar a Pablo Larios en aquel México 86? Más allá del dolor de la eliminación ante Alemania, su actuación quedó grabada como la de un guardián que sostuvo a la selección en momentos críticos. Volaba, atajaba, resistía. Perdimos en penales, sí, pero hay derrotas que también construyen héroes.

Luego vino Jorge Campos. Y con él, una revolución. En Estados Unidos 94 y Francia 98 no solo defendió la portería: la reinventó. Carismático, arriesgado, capaz incluso de jugar como delantero, Campos convirtió su posición en espectáculo. Era imposible no verlo.

Y la historia siguió. El “Conejo” Pérez, Oswaldo Sánchez, Jesús Corona… nombres que defendieron el arco con carácter, con oficio, con esa mezcla de técnica y orgullo que define al portero mexicano.

Después, la era moderna nos trajo a Guillermo Ochoa. Y con él, la polémica permanente. Que si ya no está para más, que si deben venir nuevos, que si su ciclo terminó o no. Las opiniones sobran, como siempre en este país futbolero.

Pero hoy no se trata de abrir ese debate. Hoy la invitación es otra.

Miremos hacia atrás. Revisemos la historia. Desde aquel lejano Uruguay 1930 hasta nuestros días. Pensemos en Antonio “La Tota” Carvajal, en Ignacio Calderón, en todos esos nombres que, en distintas épocas, cargaron con la responsabilidad más ingrata y más heroica del juego: evitar el gol.

Porque ser portero no es solo una posición. Es una vocación. Es decidir vivir bajo presión constante. Es saber que un error te condena, pero una atajada te inmortaliza.

Por eso la pregunta queda sobre la mesa: Para ti, ¿quién ha sido el mejor portero en la historia de la selección mexicana?

No el más mediático. No el más reciente. El que realmente te hizo creer que, pasara lo que pasara, había alguien bajo los tres postes capaz de salvarlo todo.

Porque al final, mientras unos hacen goles… otros hacen historia volando.